
El homenaje a Mario Drisun en Pueblo Esther: la densidad del bronce y la salud pública como estandarte
Redacción InfoEsther
Por Sebastián Repetto (Editor de InfoEsther.com.ar)
En la Argentina de la superficie, donde la discusión política suele degradarse en un frío ejercicio de esgrima tuitera o contabilidad fiscal, existen acontecimientos en el territorio que exigen el bisturí de la sospecha analítica. Lo que se ejecutó el pasado sábado en Pueblo Esther, bajo la forma de un profundo reconocimiento al Dr. Mario Drisun, exministro de Salud de la provincia y vecino de la ciudad, no fue un mero acto de nostalgia parroquial ni una concesión al sentimentalismo abstracto. Fue, en rigor, un hecho político de alta definición: un sentido homenaje que funcionó como la reivindicación de la salud pública como el verdadero estandarte de la dignidad colectiva.
Hubo en la jornada una densidad institucional que merece ser leída con detenimiento. El encuentro estuvo comandado por el intendente Martín Gherardi, quien junto a su bloque de concejales demostró poseer esa agudeza estratégica indispensable para decodificar el pulso real de su comunidad. Lejos del oportunismo coyuntural, la intendencia y sus ediles blindaron este homenaje como una política de Estado local, entendiendo que la figura de Drisun excede los límites de una pertenencia partidaria para transformarse en patrimonio moral de la región. Con esa lucidez conceptual, el oficialismo local articuló un escenario donde la primera línea del socialismo santafesino —la presidenta de la Cámara de Diputados, Clara García; el exgobernador Antonio Bonfatti; y la exintendenta de Rosario, Mónica Fein— se amalgamó con el vecino de a pie y con la propia familia del homenajeado, representada en la diputada provincial Varinia Drisun y sus hermanos. Una coreografía perfecta entre la alta nomenclatura y el territorio.
La salud pública como trinchera y doctrina
Para dimensionar la estatura de Drisun es necesario abandonar la hagiografía complaciente y adentrarse en su obsesión intelectual: la salud pública no como una ventanilla de asistencia al desamparado, sino como el núcleo ético de un Estado moderno. Drisun operaba en la incómoda pero eficaz intersección entre el diseño de la macro política en los escritorios ministeriales y la trinchera diaria en los efectores locales. Su gestión no se medía en la frialdad de una planilla de Excel, sino en el impacto real sobre la calidad de vida del ciudadano.
Que este acto civil se haya corporizado precisamente en el Día de la Salud Pública Provincial es el gran dato político. Funciona como un mensaje cifrado, un contraste nítido contra el zeitgeist de la época, que vuelve a colocar sobre la mesa las tres vigas maestras que la gestión de Gherardi y sus concejales hoy sostienen como bandera:
La universalidad sin concesiones: La premisa de que el acceso a la salud es un derecho inalienable, donde el hospital público debe garantizar la máxima calidad y nunca el descarte del sistema.
La descentralización real: Llevar la complejidad médica allí donde la vida late y produce, quebrando el centralismo burocrático para fortalecer la periferia.
El Estado como garante de equidad: Una concepción donde la inversión sanitaria es el principal indicador de la madurez institucional de una sociedad.
Símbolos institucionales contra el desgaste del tiempo
El poder efímero suele obsesionarse con el bronce inerte de las estatuas; las administraciones con sentido histórico prefieren colonizar el espacio público con marcas que dialoguen con el ciudadano en su cotidianeidad. El descubrimiento del banco conmemorativo y la placa recordatoria opera como ese anclaje físico necesario, un punto de pausa que invita a la reflexión sobre las bases sobre las que se construye la comunidad.
Sin embargo, el blindaje normativo más potente de la tarde quedó plasmado en la Ordenanza N.º 15/2023, una iniciativa nacida del empuje de los vecinos y viabilizada políticamente por los concejales del intendente, mediante la cual el Bosque de Olivos pasó a denominarse oficialmente “Dr. Mario Drisun”. Hay una fina ironía y una enorme justicia poética en esa designación. El olivo, árbol de raíces profundas, de resistencia silenciosa ante las inclemencias del tiempo y de frutos de maduración lenta, es la metáfora exacta de la reforma sanitaria que Drisun lideró. Un bosque es un organismo vivo que ofrece reparo y oxígeno colectivo; exactamente lo que el doctor significó para Pueblo Esther y para la provincia de Santa Fe.
El verdadero triunfo que se consolidó en Pueblo Esther no fue el mero recuerdo del pasado, sino la ratificación de un rumbo en el presente. Cuando una demanda genuina de la sociedad civil es abrazada, procesada y jerarquizada por un intendente como Martín Gherardi y su equipo legislativo, la política recupera su función más noble: la de otorgar permanencia a los valores compartidos.
Drisun hizo del compromiso con la salud pública una forma de vida y un estandarte irrenunciable. Pueblo Esther, a través de sus autoridades y de su comunidad movilizada, no hizo más que ratificar la vigencia de un modelo a través de este merecido homenaje. Su legado ya no pertenece a los archivos de un ministerio; habita, sólido e indestructible, en el reconocimiento de una ciudad que sabe perfectamente a quiénes debe honrar para asegurar su futuro.


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