
Un gobierno provincial que desconoce la dignidad docente
Redacción InfoEsther
La paritaria docente en Santa Fe no sólo viene fracasando en términos salariales: fracasa, sobre todo, como expresión de sensibilidad política.
Maximiliano Pullaro y José Goity, atrapados en su propia narrativa de eficiencia y disciplina, eligieron la peor de las respuestas: minimizar la crisis y responsabilizar a quienes sostienen, a diario, uno de los pilares fundamentales del Estado: la educación.
Afirmar, como lo hace el gobierno, que el 60% de los docentes no perdió poder adquisitivo, es una forma de negacionismo económico. Bastaría cotejar los números oficiales de inflación para advertir que el salario real docente ha sido licuado a niveles alarmantes. No hay relato que pueda esconder esta evidencia.
Pero el problema es aún más profundo. Porque detrás de la estrategia de negar la gravedad, se esconde una concepción política peligrosa: la de gobernar desde la imposición y no desde el consenso.
Incrementar un 15% el premio por asistencia mientras se niega una recomposición salarial digna es una admisión tácita de la inflación desbordada, pero también una forma de disciplinamiento. Es el intento de fracturar a la docencia, premiando a unos y castigando a otros, como si la crisis fuera una cuestión de voluntades individuales y no de una política económica equivocada.
El conflicto con los docentes jubilados revela otra dimensión de este modelo: la indiferencia por la legalidad. No es menor que haya sido necesario acudir a la Justicia para defender derechos previsionales básicos. Cuando un gobierno necesita ser frenado por amparos judiciales para respetar la ley, ya no se trata de una crisis sectorial: se trata de una crisis institucional.
La educación pública no se sostiene con frases de ocasión ni con estadísticas manipuladas. Se sostiene con salarios dignos, con respeto y con diálogo verdadero. Cada maestro y cada profesora que hoy persiste en su tarea, a pesar del deterioro y del destrato, representa una reserva ética que interpela al poder.
Pullaro y Goity, en su afán por mostrar orden, exhiben autoritarismo. En su intento de maquillar éxitos, revelan desconexión. En su rechazo al diálogo honesto, construyen el germen del conflicto que luego pretenden atribuir a otros.
El gobierno aún puede rectificar el rumbo. Pero cada día que persista en esta soberbia autocomplaciente, no sólo perderá autoridad: perderá legitimidad.
SEBASTIÁN REPETTO – EDITOR DE INFOESTHER.COM.AR


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