Hay obras que se deciden detrás de un escritorio, y después están las que nacen del abrazo, del mate compartido y de las ganas genuinas de transformar el lugar donde uno vive. Eso es exactamente lo que está pasando en Pueblo Esther, donde la futura Plaza del Barrio Oroño dejó de ser un proyecto en los papeles para empezar a latir con la voz de sus propios protagonistas.